Entre la mirada del asesino y la víctima: DEL METRAJE ENCONTRADO AL FALSO DOCUMENTAL

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¿Has mirado una cinta de terror que te advierte que lo que estás a punto de ver es completamente real? ¿Alguna película te ha recibido con la leyenda “lo siguiente es un registro de lo que grabaron las cámaras, los jóvenes que aparecen en dicho material continúan desaparecidos”? ¿Te has recostado en la cama o en el sofá mirando una cinta que muestra los desafortunados -y a veces sangrientos- destinos de un grupo de personas que se enfrentaron a lo desconocido y lo grabaron todo con una vieja videocámara?

Estas películas cada vez son más prolíficas, aunque repetitivas, pues el argumento entre una y otra suele ser el mismo o, por lo menos, bastante parecido. Sin embargo, otras, aunque muy pocas, logran generar una tensión y ambiente no sólo de terror, sino de gran realismo, logrando que el espectador se pregunte si lo que está mirando en pantalla es mera ficción o si se trata de trágicos eventos que ocurrieron en realidad y, ahora, morbosamente se presentan en la pantalla.

En el cine de terror a estas cintas se les llama metraje encontrado (found footage) y falso documental (mockumentary), los cuales fungen a manera de registros en video de los hechos a los que se enfrentan los protagonistas de la cinta, sucesos que van desde eventos sobrenaturales como abducciones extraterrestres, apariciones fantasmales o incluso una cacería de trolls, hasta videos de torturas y asesinatos. Por supuesto, ya se trate de metrajes encontrados o falsos documentales, ninguna de las situaciones que ambas cintas presentan son reales, sin importar qué tan convincentes sean éstas. Existe una diferencia muy grande entre el found footage y el mockumentary, pues aunque muchas veces la idea o el objetivo de ambos subgéneros es engañar al espectador, la diferencia está en cómo abordan la situación.

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Como su nombre lo dice, el found footage es un supuesto metraje “encontrado”. Su idea es hacer creer que todo lo que se muestra en la grabación fue completamente real y grabado con el recurso de cámara en mano. La premisa de este subgénero es simple: un grupo de personas -por lo regular jóvenes- se adentra en locaciones o terrenos desconocidos, tales como bosques, cuevas o edificios abandonados, en los cuales se enfrentarán a situaciones peligrosas, ya sea sobrevivir y enfrentarse a monstruos, fantasmas o cualquier otro fenómeno sobrenatural o, en el caso más simple, un asesino serial.

Los cintas de vídeo que estas personas hayan grabado, siempre, pero absolutamente siempre, se dirá que fueron encontradas cerca de donde ocurrieron los hechos o en algún otro lugar con relación a las víctimas, ya sea en su hogar, la escuela, enviados por correo o, en muchas ocasiones, la supuesta cinta es encontrada por un curioso que tropezó con ella (de ahí el nombre “metraje encontrado”), quien al ver el contenido de la grabación, acudió directamente a la policía, la cual “investigó” el caso y decidió proyectarla al público en “homenaje” a las víctimas o con la intención de que quien la mire otorgue un poco de información para resolver tan extraña situación. Por supuesto, ninguna de estas cintas es real, y tampoco es de sorprender que en estas obras nunca quede algún sobreviviente.

El ejemplo por excelencia de los metrajes encontrados es El proyecto de la bruja de Blair (1999), la cual muestra todos y cada uno de los elementos ya mencionados. Incluso, mucha gente llegó a creer que los jóvenes actores de la película en verdad habían desaparecido.

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Otro suceso similar ocurrió con Holocausto caníbal (1980), filmada casi de la misma manera; la cual casi ocasiona que su director, Ruggero Deodato, fuera a la cárcel, pues hubo quienes creyeron que los actores en verdad habían sido canibalizados.

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En la actualidad, quizás Actividad paranormal (2007) sea la obra más limpia en representación del found footage.

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En cambio, el mockumentary o falso documental es un poco más complejo, mejor estructurado y ordenado en su narrativa. Este tipo de grabaciones, además, otorgan supuestas bases y fuentes para lograr su objetivo; es decir, no se limitan a dar unas cuantas cámaras a los actores y que éstos se pongan a grabar lo que se les ocurra, sino que suelen presentar una investigación más profunda del tema, así como opiniones y entrevistas a médicos, policías, personas trastornadas, sacerdotes, víctimas, asesinos, locutores o cualquier otro especialista que se acople a la historia que presentan pues, como su nombre lo dice, se trata de un documental y debe tener bases “sólidas”; aunque, claro, todos y cada uno de ellos también son actores.

Aunque hay varios ejemplos de estas cintas, dos de los que -y si bien son muy diferentes uno de otro- estructuralmente son idóneos para entender la diferencia entre el metraje encontrado y el falso documental son What We Do in the Shadows (2014) que, si bien es una comedia de terror que muestra la vida de cuatro vampiros, está filmado a manera de un documental que explora la rutina diaria de estos personajes mediante entrevistas que se les realizan.

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Ahora bien, en un extremo completamente aterrador y sombrío, tenemos la cinta The Poughkeepsie Tapes (2007), la cual documenta la travesía de la policía para atrapar a un asesino en serie, de quien encontraron cerca de 800 videocasetes en los que grabó sus crímenes. Para esto, se muestran entrevistas a forenses, víctimas, psicólogos, criminólogos, policías y doctores.

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Entonces, podría decirse que la diferencia entre el falso documental y el metraje encontrado no es otra más que la manera en que están filmados. Sin embargo, podemos ver que más allá de ello también muestran dos miradas diferentes, pues mientras el found footage nos acerca más al sufrimiento de las víctimas, el mockumentary nos adentra en la mente del asesino. No se trata sólo de dos maneras distintas de grabar, sino de dos visiones diferentes que experimentan con el morbo y la credulidad del espectador.

Manténganse horrorizados…

“La Morgue”(La autopsia de Jane Doe), el verdadero terror radica en los sustos más sencillos

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La Morgue (The autopsy of Jane Doe, 2016), del director André Øvredal, es una cinta de terror que poco a poco ha ido ganando renombre entre los fanáticos del género, pues desde su premiere en el Festival Internacional de Toronto en 2016, ha cosechado bastantes críticas positivas; y con justa razón.

La película muestra los sucesos que Tommy Tilden y su hijo Austin experimentarán a lo largo de una noche en la morgue donde laboran, pues aunque acostumbrados a mirar, abrir y coser cadáveres, nada los ha preparado para los hechos sobrenaturales que experimentarán cuando un oficial de policía les lleve el cadáver de una joven mujer sin identificar -a quien por esa misma razón le otorgan el nombre de Jane Doe-; así, tanto padre como hijo tendrán la misión de realizar la autopsia al cuerpo con la finalidad de saber bajo qué circunstancias murió. Sin embargo, conforme abran, corten y seccionen dicho cadáver a lo largo de la noche, se darán cuenta que aquella mujer murió en situaciones para nada ordinarias, lo que será el principio de una noche de pesadilla para ambos.

Anteriormente el director André Øvredal sorprendió con su bien lograda Troll hunter (2010), una cinta que combinaba una leyenda noruega con “hechos verídicos” al mostrarlos a manera de  found footage, donde un experimentado cazador debe dar muerte a enormes y monstruosas criaturas. Ahora, con La Morgue, Øvredal deja de lado (¡Afortunadamente!) la opción del metraje encontrado pero conserva el recurso de contar la historia valiéndose de leyendas.

 

De esta forma, la historia termina por ser algo completamente diferente a lo que quizá se espere ver en pantalla, pues si bien al imaginarnos el cuadro de un policía quien encuentra el cadáver de una mujer que ha muerto en extrañas circunstancias -al parecer víctima de una secta-, y quien lo lleva con un par de forenses para que estos le ayuden a descubrir qué fue lo que pasó, uno esperaría ver una cinta más cercana a un thriller que a una cinta de terror, pues todo indica que la verdadera trama girará en torno a descubrir un crimen entre situaciones llenas de suspenso. Pero oh no, en la cinta de La Morgue no hay nada más equivocado que esto, pues es aquí, precisamente, donde entra el rol de la leyenda, ya que el cadáver de la desconocida Jane Doe revelará que su muerte no tiene nada qué ver con crímenes normales…ni actuales.

Y es esto último, precisamente, lo que ocasiona que la cinta sea una obra completamente funcional en el género de terror, y no sólo lo consigue con una historia sencilla, sino que valiéndose de pocos recursos tenebrosos logra crear un ambiente sombrío y lúgubre sin la necesidad de recurrir a las viejas casonas abandonadas, castillos embrujados o dimensiones paralelas ni mucho menos a monstruos o fantasmas, sino que crea un ambiente adecuado en un escenario por demás sencillo y ad hoc a lo mórbido, es decir, en una morgue y jugando no con lo que se ve, sino con lo que se cree ver; pues a fin de cuentas, qué mejores escenarios para crear una historia de terror que rodeado de cadáveres para que la mente comience a hundirse en las más terroríficas visiones.

Asimismo, si bien durante poco más de la primera mitad del filme pareciera no pasar nada relevante en cuanto a estar mirando una película de terror sino más bien de suspenso, pronto uno puede darse cuenta que todo lo que se vio en este tiempo no fue más que la preparación para entrar de lleno al terror sin recurrir a los sustos baratos y simples como lo es una simple puerta azotándose de pronto, o bien, el mirar un fantasma reflejado en el espejo del botiquín en el baño cuando alguien lo cierra.

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Todo lo contrario, pues el director es capaz de crear un ambiente asombroso que va del suspenso al miedo valiéndose incluso de una pequeña campana amarrada al dedo del pie de un cadáver -y que conforme avance la cinta esta campanita resulta ser de los mejores recursos de la cinta para crear miedo- hasta culminar en un sentimiento de terror tan sólo con las escabrosas huellas de tortura que presenta el cuerpo de Jane que, aunque su participación no es otra más que esa, la de ser un cuerpo sobre una plancha y no moverse ni un centímetro, termina convirtiéndose en la protagonista del filme. Por supuesto, la cinta termina en un final por demás satisfactorio como sólo las buenas cintas de terror lo logran.

Cabe resaltar que los amantes del gore no encontrarán en esta cinta algo que sacie su sed de sangre, pues en ella sólo existen un par de escenas sanguinarias que ayudan a que la trama avance pero que afortunadamente no son con el objetivo de crear repulsión o morbo. Sin embargo, La Morgue termina siendo una “película de dos filos”, pues la explicación que se da al final del porqué y cómo es que sucedieron todos los acontecimientos quizá disgusten a algunos -aunque pocos-, pues a fin de cuentas termina siendo una cinta cuya fortaleza radica en las leyendas e incluso las situaciones históricas que se explican al final de ésta, por lo que el conocimiento previo que el espectador tenga acerca de los mitos y sucesos de los cuales se vale el director para contar la historia -aunque no necesarios para entenderla- son imprescindibles para que se pueda disfrutar la película en mayor o menor medida, por lo que si el público no esta familiarizado con dichos eventos quizá sienta que el final fue demasiado forzado, pero para quien tenga alguna noción de ellos, se dará cuenta que el filme está magníficamente estructurado para culminar de la forma en que lo hace.

¿Se atreven a mirarla? Manténganse horrorizados…

“1974: La posesión de Altair”, el valor de la nostalgia en el cine de terror

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Seamos claros desde un principio, 1974: La posesión de Altair, es una de esas películas en las que nada, pero absolutamente nada es lo que parece, en donde más vale estar dispuesto a tener una mentalidad abierta para disfrutar los sucesos que presenta pues, a decir verdad, no muchos filmes se arriesgarían a presentar una historia como esta, en donde lo extraño, lo sobrenatural e, incluso la ciencia ficción, están presentes en un nostálgico estilo retro.

Así, está cinta del director Víctor Dryere, la cual se ha presentado en festivales como Sitges, Málaga o Mórbido y la cual es protagonizada por Diana Bovio, Rolando Breme y Blanca Alarcón, presenta la historia de un matrimonio en la década de los 70, quienes comenzarán a experimentar sucesos paranormales que, lejos de aclararse, los harán saber que en este mundo existen fuerzas aún más extrañas que lo diabólico y lo oculto.

Y es precisamente por esto último por lo cual mencionamos que la cinta es bastante arriesgada, pues aunque presenta hechos que por un momento hacen pensar que sólo será otra de tantas películas de posesiones demoníacas, juega muy bien con este recurso que es el aprovecharse de la misma línea que han seguido estos filmes de exorcismos para, después, presentar otra historia totalmente diferente a la esperada, en donde si bien hay posesiones, no es del tipo a la que el público está acostumbrado. Todo esto, además, se torna más interesante al saber que esta película está filmada a manera de ser un metraje encontrado, lo cual, logra que el espectador se adentre un poco más en los eventos que está mirando.

Sin embargo, a pesar de que la historia trata de alejarse de lo ya antes visto en el cine de posesiones, la mayor riqueza que la cinta tiene no radica precisamente en lo que cuenta, sino de la nostalgia cinéfila que crea en el espectador, sobre todo en aquellos fanáticos del cine de terror a la antigua, pues la textura del filme, sus tonos de coloración y la manera en que está grabada no sólo hace recordar a las viejas cintas de 8mm, sino que en verdad la película está grabada en este formato, por lo que da la impresión de estar mirando una cinta verídica encontrada en un sótano y, que ahora, con su proyección tenemos la oportunidad de descubrir los extrañísimos sucesos que acaecieron a este matrimonio.

Asimismo, otra de las ventajas de la cinta es el humor que maneja entre sus personajes, pues aunque a veces éstos parecieran ser un poco planos y de los cuales en verdad se pudo ahondar un poco más en sus historias –sobre todo en el de las hermanas- para enriquecer más el trasfondo de la cinta en general, las bromas y el sentido del humor de cada uno de ellos hace que los personajes sean bastante llevaderos, con bromas que sirven para aligerar por momentos la tensión pero, más importante todavía, lo hacen sin llegar a un humor exagerado y forzado, sino simplemente el necesario para dar a conocer un poco, y sólo un poco, de las personalidades de cada uno de ellos.

Por otro lado y quizá el principal, sino es que el único motivo que la cinta podría tener en su contra, es precisamente el título de ésta, pues si bien será una grata sorpresa para todos aquellos que están fastidiados ya de las cintas de posesiones demoníacas, tal vez haga sentirse engañados a quienes esperan ver una vez más a un viejo sacerdote luchando por salvar el alma de una inocente jovencita que ha caído en manos de una entidad demoníaca. Asimismo, hay ciertas escenas y diálogos en los cuales se pudo profundizar un poco más para dar a entender lentamente el verdadero fenómeno que la historia cuenta.

Así, 1974: La posesión de Altair resulta ser un hibrido bastante peculiar y arriesgado entre lo sobrenatural y la ciencia ficción, que si bien será un filme bastante extraño por la forma en que está estructurado y cuyo mayor valor es la nostalgia que genera, también es un producto del cual se agradece que se atreva a contar una historia ya cientos de veces contada pero, está vez, con un giro inesperado.